Filial-Hetero, Incesto, Milf. La historia de como pasó algo que, si os soy sincero, estaba deseando que pasase.
Nuevamente me puse a escribir sobre unas experiencias que me pasaron recientemente… Jamás me imaginé que pasara algo así… pero simplemente ha pasado… y la verdad, yo quería que sucediera. Me cogí a una de mis tías… Por diferentes y obvias razones, daré nombres falsos a excepción del mío, el cual es, Pablo.
Siempre leo relatos de incesto y debo confesar que, aunque soy un tipo al que le atrae todo lo relacionado con el sado y la dominación (leer «UNA PUTA INESPERADA»), me prende muchísimo eso de hacerlo con un familiar, ya sea una prima, una hermana, madre e hijo, etc., pero siempre me pareció una posibilidad remota en mi persona por muchas razones…
Como conté en relatos anteriores, mis padres están divorciados y vivo con mi padre, ya que mi progenitora es insoportable. Sin embargo, para no ser un desgraciado, paso tiempo con ella de vez en cuando y en alguna de esas ocasiones visitamos a la familia y eso. Curiosamente, en toda la familia materna está divorciada. Mi tatarabuelo, que llegue a conocer, había dejado a mi tatarabuela por otra mujer. Mi bisabuelo también dejo a mi bisabuela por su secretaria. Mi abuelo dejo a mi abuela por otra mujer. De mi abuela nacieron 3 mujeres y un hombre. De su segundo matrimonio la mujer más bella que yo haya visto, pero desgraciadamente murió en un accidente. Mi madre también se divorció, una de mis tías, la más chica, se ha casado dos veces y dos veces se ha divorciado y la de en medio (que es a la que me cogí) se casó y también se divorció y vive sola, mi madre es la más grande.
Mi familia materna siempre ha gozado de una posición económica bastante buena. Desde que recuerdo todo el mundo ha estado inmerso en la política desde su campo de estudio. Mi bisabuelo dedicó su vida en la reconstrucción de un lago muy famoso que está cerca de la ciudad de México y se vio enfrascado en una batalla política porque querían hacer un aeropuerto ahí (al final ganó mi bisabuelo, jejejeje). Mi abuelo es ingeniero y un pez bastante gordo de la máxima casa de estudios, que lo manda de viaje a cada rato por todo el mundo; tiene departamentos y algunas casas repartidas en el orbe. Sus dos principales se encuentran, aquí en la capital mexicana y la ptra en Morelia.
Desde que recuerdo, esa parte de la familia siempre ha sido demasiado culta, con demasiada sed de conocimiento y por consiguiente, adoran las artes. Música clásica, lectura, análisis, una tertulia interminable sobre política, artes, literatura, entre otros y sobre todo, el desnudo.
Siempre estuve rodeado de desnudos. La casa de mi bisabuelo y abuelo han estado llenas de desnudos, obviamente artísticos, pero al final, desnudos. Y jugando un día en casa de mi abuelo me encontré con mi primer libro de literatura erótica: la perla. Una muy buena compilación de historias. De ahí empezó mi afición por la lectura y después, caí por estos lugares.
En fin, mucho, mucho dinero. En las reuniones familiares siempre hubo charlas sobre política y de vez en vez un personaje importante nos visitaba donde fuera la reunión, que generalmente eran en casa de mi bisabuela o en casa de mi abuelo. Un rollo bastante europeo (lo siento, necesitaba explicar mi contexto, jejeje).
Total, para no hacer el cuento más largo de lo que acostumbro, fue cumpleaños de mi abuelo y como por su trabajo vive ahora en Morelia, nos fuimos para allá. Super casa en un country club, ya saben, mucho billete metido. La familia estaba ahí, pero sobre todo mis dos tías estaban presentes y lo mejor, solas.
Desde chico me he admirado de su belleza en contraste con mi madre, que, a pesar de ser una belleza cuando estaba joven, ella se ha descuidado; está muy gorda y no se preocupa por su aspecto, ni físico ni interior… sigue siendo la “tía gruñona” y a la que a todos les cae mal (mala suerte para mi). Mis tías, por el contrario. Son dos maduritas bastante bien conservadas. Una cara bastante estilizada, los chinos característicos de la familia y una figura delgada. Ahí estaban sentadas conversando con una copa de vino y pan con queso. Al llegar mi madre, las dos disimularon una sonrisa ante la inminente incomodidad que genera mi madre a cada lugar que se presenta, pero su expresión cambio cuando me vieron. Siempre me he llevado bien con toda mi familia, más con los mayores, aunque no se porque.
Los obligados saludos y abrazos y chachara de siempre, ponerse al corriente. Nos instalamos y para mi suerte, compartí habitación con mi madre. Ni pedro dijo Pablo (es como decir ni pedo o ni modo). Se propuso aprovechar las instalaciones del club y todos nos fuimos a nadar: mi madre, mi abuelo, su segunda esposa, mis dos tías, un primo y yo.
La más pequeña de mis tías se llama Alejandra, 39 y trabaja en la embajada. Tiene dos hijos: Susana de 21 (que ufff… muero por tener algo con ella… está… ufff… hermosa y bien buena… lo mejor es su culo… bueno, seguiré) y Javier de 23. Mi tía Alejandra es de piel muy bronceada, pechos grandes y unas caderas… increíbles, rematadas por un culo soberbio y unas piernas ajamonadas. Cabello chino y de color negro. La de en medio es Lorena, de 46, sin hijos, divorciada y vive en Querétaro. Da clases en una universidad sobre arquitectura y literatura. Ella tiene poco pecho, una figura más delgada, pero las siempre anchas caderas características de las mujeres de la familia y un excelente culo. Sus piernas excelentemente torneadas. Cabello chino y rubio con algunas canas.
Con las dos siempre he llevado una excelente relación y me he ganado su confianza desde hace tiempo. De hecho, toda la familia siempre me ha tenido confianza en todo, porque soy un tipo “responsable”, “confiable”, en fin, me tienen en un pedestal, jejeje… si supieran… jajajajaja.
El club estaba bastante vacío y la pasamos bastante bien. Platicando con Javier, las tías, el abuelo, eso sí, sobre los mismos temas. Comentábamos un libro muy bueno que se llama “los pilares del mundo”, muy bueno, por si lo quieren leer y después sobre el difunto Saramago y su última creación (CAÍN). La pasamos bien, entre botana y una rica tarde de sol. Cuando nadamos, a mi mente vinieron recuerdos de la adolescencia sobre mi tía Lorena, los cuales me dieron un indicio de que algo iba a suceder en algún momento.
Un verano, visitamos, patrocinado por mi abuelo a toda la familia, un lugar bastante chido de mi México lindo y querido: Los Cabos. Toda la familia fue y nos quedamos repartidos en un hotel bastante chido en dos tiempos compartidos que tiene mi abuelo. Una de las noches en que nos quedamos, mi tía Lorena quería caminar por la playa, pero nadie quiso ir, pues ya era tarde. Yo me propuse y fui su único acompañante. Sólo quería verla un poco más en ese bikini. Me comento por lo bajo que quería nadar, pero que no le dijera a nadie. Sonreí, complice y ella parecía encantada. Total, caminamos un rato y en un momento dado se metió a nadar. Estuvimos jugando un rato, eso si, siempre pendientes de que el mar no nos jalaba más adentro. Nadamos agusto y a conciencia. Y cuando estábamos por salirnos, paf… una ola nos revolcó hacia la orilla. Cuando me recuperé la escuche reir detrás de mí y cuando me di vuelta me encontré con que no tenía la parte de arriba de su bikini dejando a la vista sus hermosos y pequeños, pero bien redondos pechos. Mi vista me delató al instante y ella, en lugar de cubrirse, ella también se quedó pasmada. Como cinco segundos después de que su mirada estaba clavada en mí y mi mirada en sus pechos, levanto las dos manos y me espetó: “ayúdame a buscar mi traje de baño”. Tarea difícil, aunque la luz de la luna alumbraba demasiado. Pocos minutos después, milagrosamente apareció y, desfachatadamente, de frente, me pidió que le colocara la prenda. Lo hice, prácticamente hipnotizado y teniendo mucho cuidado en no tocarla, a pesar de que me moría por hacerlo. Ella, riendo, me agradeció el gesto y salimos del mar sin más incidentes. Ella sólo atinó a decir que no dijéramos nada sobre el incidente. Sin darme cuenta, traía una erección tremenda y mi tía pareció darse cuenta. “¿Feliz?” me pregunto viendo hacia mi paquete. Me cubrí instintivamente y ella sólo se rió. Seguimos caminando y no pasó nada más.
Cuando nadábamos me acerqué a ella y entre juego y juego le pregunté si se acordaba de aquel incidente y ella sólo rió. No sucedió nada más.
Pasamos la noche bebiendo vino y tequila observando una película sobre música clásica (Lé concert). Nos fuimos a dormir y a eso de las 4 de la mañana me desperté para ir al baño. Cabe mencionar que me tenía que ir al siguiente día por un compromiso que tenía. Así que me tenía que levantar a eso de las 7 porque el camión que me llevaría a la capital salía a las 8. Cuando me acerqué al baño me sorprendí al escuchar unos gemidos muy leves. Revisé las habitaciones y todos dormían en ellas, la única que faltaba era mi tía Lorena, que se había quedado en la sala.
Me acerqué al baño. Pegue la oreja a la puerta y si, había alguien gimiendo muy suavemente. Por descuidado y por la oscuridad no me fijé que la puerta no estaba completamente cerrada y cuando me recargue en ella, ésta se abrió con un sonoro chirrido. Malditas puertas de madera rustica y no aceitadas. Los gemidos pararon al instante que yo tropezaba dentro del baño. De no ser por la oscuridad, mi tía habría notado mi cara ardiendo de la pena e inmediatamente el ambiente se tornó incómodo.
Veía poco gracias a la luz de la luna que entraba por la ventana, pero alcancé a notar que mi tía se subía el short que traía puesto para dormir y se bajaba la playera. “Maldita sea, que no se puede tener privacidad… siempre se tiene que tocar en el baño” exclamó en un susurro. Por lo que dijo, supuse que no sabía que la estaba espiando, así que respondí a mi favor.
– La luz del baño estaba apagada así como todas las luces – susurré y agregué inocentemente – ¿Pues que estabas haciendo Lore? (nos llevamos así… siempre nos hemos tuteado…)
– A ti que te importa escuincle. ¿Es urgente o me aguantas tantito? – me preguntó riendo.
– Espero, pero apúrate…
Se tardó como 3 minutos más y salió del baño aún con la luz apagada. Minutos en los cuales pensé una infinidad de cosas y llegué a una conclusión. Sin duda, habría muchísimos factores que generaron la excitación de mi tía esa noche, pero estaba casi seguro que fue a raíz del comentario que le hice en la alberca. Además, siempre nos habíamos llevado muy bien, incluso mejor que con los demás sobrinos. Y si mi intuición no me fallaba, estaba caliente por mí. Y esta era mi única oportunidad en mucho tiempo para lograr algo así. En lo personal, generalmente espero a que las mujeres hagan el movimiento primero, pero esta vez era mi turno. Así que me la jugué: iba a intentar algo con mi tía Lorena.
Cuando abrió la puerta, estaba de espaldas. Me avisó que estaba libre el baño y entre a desahogar mi vejiga. Cuando salí, me dirigí a la sala para hacer mi movida, pero no estaba ahí. Me volví sobre mis pasos y la vi en la puerta de la cocina con un vaso de agua. “¿A quién buscas?” me susurró. Yo no le dije nada. Avancé con toda la firmeza y seguridad que me fue posible y, intenté plantarle un beso. ¡Qué momento más incómodo! Ella se hizo hacia atrás con una cara horrorizada y me tiró el agua encima. Alcancé a escuchar un claro “¡¿qué te pasa?!” y se volvió hacia la cocina. Intimidado, pero decido, la seguí. En la cocina había más luz porque había más ventanas y pude ver su expresión: estaba cabreada.
– ¡Pero que te has creído Pablo! – me espetó en un chillido casi inaudible. Era obvio que no quería despertar a nadie – Jamás lo pensé de ti…
No la dejé continuar. Intenté nuevamente besarla y me empujó. Se quedó cortada por la situación y aproveché para un tercer intento. Y como dicen por ahí “la tercera es la vencida”. Al intentar besarla no me empujó, sólo retrajo un poco su cabeza pero alcancé a darle un beso muy cerca de los labios.
– Te escuche en el baño Lore. Sólo sé que esta oportunidad no volverá jamás y que el reloj no marca las 4… el reloj dice “ahora” – le solté mientras la abrazaba y observaba su perplejidad ante la confesión.
No se resistió más y la besé con todo. Sensación rara, pero a la vez excitante. Al principio fueron largos y pausados besos y de un momento a otro se tornaron apasionados y rapidos. No me atreví a tocarla y ella tampoco a mí. Cuando intenté hacerlo ella me empujó y me dijo:
– Besas bien… no me habían besado así desde hace tiempo… pero esto no está bien…
– Lorena, ese ha sido uno de los mejores besos de mi vida (y de hecho es cierto, mi tía besa exquisitamente bien)… vamos, se que estas caliente y por lo que ves… yo también.
– Pues claro pendejo, me cortaste “la inspiración”… – me dijo riendo sarcasticamente
– Siempre me has gustado… – comencé a decir pero ella me interrumpió
– Ya cállate niñito y vete a dormir que aquí no ha pasado nada… – me dijo decidida y comenzó a caminar hacia la sala pero la detuve
– No pasa nada porque no quieres que pase – dije mientras la detenía por la cintura
– Si serás cabrón…
No hizo ademán de forzar la salida y se quedó ahí mientras la detenía. Quería que le rogaran y, pues claro que lo iba a hacer… La volé y la volví a besar. Lento, despacio y con mucha lengua. Fue el golpe definitivo para ella. Al instante dirigió una de sus manos a mí ya parada verga y con la otra me atrajo hacia ella para un nuevo beso. Apresuradamente me quité la playera y ella se deshizo de mis boxers más rápido que ninguna otra mujer que haya conocido. Quedé desnudo ante ella.
Tomo en sus manos mi verga y me comenzó a masturbar muy lentamente. Yo le quité despacio la playera que llevaba y observé nuevamente esos pechos que había visto en los inicios de mi pubertad. Ella me miraba con una cara de deseo y culpa difícil de describir que me excitaba muchísimo. Desabroché su short y ella detuvo el sube y baja de sus manos para quedar en bolas ante mí. Nos besamos y nos tocamos por todo el cuerpo. ¡Qué sensación! Sus piernas, su culo, sus pechos… ¡Qué mujer!
Si la temperatura normal del ambiente era de 37° c, con lo que estaba sucediendo aumento. Así que, entre choque y choque que estábamos armando con el magreo, la tumbé en el suelo frío de la cocina. En silencio y sin decir palabra, abrí sus piernas para poder observar a la luz de la luna una concha peluda y brillante. Estaba muy mojada. Sin decir más, acerqué mi verga a su entrada. La penetración fue sencilla. Me acerqué a ella y la besé de nuevo mientras comenzaba un leve ritmo. Ella gemía muy bajo, pero lo hacía. Me concentré un momento en sus pechos. Por fin mamaba esos pequeños pechos. Lo hice lento, disfrutando cada milímetro de ellos, deteniéndome mucho en los pezones. Unos pezones pequeños y negros, pero bien paraditos. Eso aumentó sus gemidos y le tapé la boca para que no hiciera más ruido y no despertara a nadie.
Ninguno de los dos dijo nada durante como 15 minutos. Yo ya estaba por venirme, aunque según yo, podía aguantar unos 5 min más. Cuando, de pronto, se acercó a mi oído y me susurró: “ya casi acabo, por favor, termina dentro de mi…”. Asentí y aumenté el ritmo, sólo que puse el dedo índice en mis labios para indicarle que guardara silencio, cosa que ella aceptó moviendo la cabeza afirmativamente. Mi mete y saca era frenético y el sonido de nuestros cuerpos era bastante sonoro, tanto que temí que alguien viniera. Pero no sucedió. Ella me abrazó en el momento de su orgasmo e instantes después hice lo propio. Quedamos rendidos.
A pesar de que había sido una cogida normal, el morbo de la situación y la añoranza de que me sucediera algo así, convirtieron en esa noche uno de mis más preciados recuerdos. La miré a los ojos y acaricié sus cabellos. Nos fundimos a lo largo de 5 minutos más en puros besos muy lentos y muy mojados.
– Siempre me has gustado Lorena… Gracias… – le susurré…
– Pinche escuincle… La neta, te la ganaste – me dijo riendo – Pero debo decirte que nadie me había tratado como tú en el sexo. Fue un buen polvo.
– Gracias…
– Deja de agradecerme y ya vete a tu cuarto que ya casi es hora de que te levantes…
– Por favor, no le digas a mi mamá… – comencé a suplicar
– Si serás pendejo niño, pues como crees… Si esto habrá que repetirlo, si no te molesta calentar a tu tía y volvértela a coger… Además si tu mamá se entera, pone el grito en el cielo… con lo religiosa que es…
– Jajajaja… si es cierto… Orale, ponte tu ropa…
– Ya voy…
– ¿Crees que todavía soy atractiva? – me preguntó
– Lorena, para mí eres una de las mujeres más atractivas que conozco… – dije observándola atentamente. – ¿Es en serio? ¿Quieres que esto vuelva a suceder?
– Ya vístete… Vemos…
Me vestí sin decir nada mientras me observaba tumbada en el suelo recargada sobre una mano. Antes de irme, me agaché y le di un beso corto en los labios y le apreté un pecho cariñosamente. Ella sólo se rió…
Cuando regresé al cuarto donde dormía, mi madre soñaba profundamente y no había notado mi ausencia. Me acosté sin poder dormir. Dos horas interminables pasaron hasta que sonó el despertador.
Me alisté mientras mi madre llamaba un taxi. Mientras me metía al vehículo, mi tía Lorena y mi madre me despidieron cuando el sol comenzaba a alzarse sobre el horizonte.
7 Comentarios
Dejar un comentario